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Silvana

Silvana

Supe que Emiliano iba a ser el médico que me acompañara durante mi embarazo la noche que recibí un mail suyo como respuesta a cuándo podía tener un turno con él, ya que en su web había fechas disponibles para mucho más adelante y hacía dos semanas que el evatest me había dado la señal para iniciar la búsqueda de un obstetra.

Primero me felicitó y después me dio un horario y me advirtió sobre ir al consultorio con paciencia al darme un sobreturno.  Doy fe que la sala de Caballito (¡geniales causalidades de la vida vivir a cinco cuadras!) estuvo explotada todas las veces que fui a control, pero él siempre aparecía con una sonrisa, llamando paciente tras paciente y tomándose el tiempo necesario para cada una. Confieso que varias veces temí que la llegada de algún bebé hiciera que se postergara/cancelara mi turno. Y aunque me mentalicé con su popular #mañanapuedeserporvos, al final nunca me tocó.

«Obstetra osde 410» fue la búsqueda en Google que me acercó por primera vez a él.   Después encontré su Instagram @dejathuella y empecé a encariñarme con sus «Se viene x», «Bienvenida x», el pie del recién nacido, las felicitaciones a mamá x y papá x, y sus posteos para enseñar y calmar ansiedades, tan oportunos para primerizas como yo.  Internamente ya sabía que quería ser su paciente hasta que mi ginecóloga Valeria me lo recomendó, sin conocer toda mi investigación previa.  A Adrián y a mí nos bastó con el primer encuentro para elegirlo.

Emiliano es un médico que no sólo controla, sino que también acompaña desde que la panza empieza a crecer hasta el puerperio. Siempre muy criterioso, empático, con una paciencia admirable, haciendo hincapié en lo importante y DESDRAMATIZANDO («Ponelo con mayúsculas, es su sello», acota Adrián) todo lo que puede alterar a mapadres durante el temeroso y hermoso proceso de un embarazo. Recuerdo cuando lo llamé por única vez para que me asesorara con respecto al análisis del babygen que habíamos decidido hacer. Yo con tanto miedo e incertidumbre y él tan calmo, me dijo: «Esto es sólo para trabajar la ansiedad de ustedes, tenés un bebé sano». Era lo que necesitaba escuchar.

¿Cuántas veces habrá plantado a sus seres queridos?, ¿en qué momento come? y ¿cuándo descansa? son algunas de las preguntas que me hacía (y aún hoy me hago) cada vez que en su Instagram anunciaba que tenía que salir corriendo al Finochietto, a la Suizo o al Mater Dei para recibir a un nuevo bebé. Es sorprendente ver cada tanto en sus historias cuando en menos de 24 horas se le juntan tres, cuatro y hasta cinco nacimientos.

Mi fecha de parto era el 6/10/2019. Mientras mi panza seguía creciendo y no asomaban contracciones, hicimos el curso de preparación con Anahí (tendrá su párrafo exclusivo) y la ansiedad se multiplicaba. Se me cayó el tapón el domingo 6 y esa semana tuvimos un último monitoreo con la buena onda de la Dra. Pazos y dos consultas más con Emi. El finde siguiente no hubo señales, así que el lunes 14 de octubre quedamos en vernos en el Finochietto. Transitando las 41.1 semanas y ya con tres centímetros de dilatación, Emi nos preguntó qué queríamos hacer.  Una opción era esperar un poco más (la fecha límite era el 17).   La otra, inducción.   Dejamos la respuesta en sus manos y nos mandó a hacer los trámites de internación.   Era inminente, se venía Santi y las lágrimas empezaron a caerme mientras Adrián gestionaba todo.

Todo el proceso duró cinco horas. Minutos antes de las 14 ingresamos a la sala de preparto y con inducción, rotura de bolsa, contracciones cada vez más fuertes, epidural y entre 10 y 15 pujos según contó Adrián, por fin llegó Santiago.

Quiero destacar a Anahí, una profesional súper amorosa que me dio toda la tranquilidad y el apoyo que necesitaba en el momento más importante de mi vida. Siempre le tuve mucho miedo al parto y entre ella y Emi hicieron que fuera una experiencia increíble. Me sentí informada, acompañada, confiada, respetada y cuidada. Por eso, si llegara a quedar embarazada nuevamente sin dudas volvería a elegirlos.

Gracias para siempre.

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