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Carmen Auzmendi

Carmen Auzmendi

Tenia una buena experiencia (pero algo brutal) de parto normal sin anestesia, y un embarazo interrumpido espontáneamente hace unos meses (lo cual me había dejado algo asustada) cuando llegue al consultorio de Pucherman buscando alguien más cuidadoso y atento.
En la primer consulta con Emiliano sentí una gran diferencia en el trato, con el simple gesto de mirarte a lo ojos y atender a lo que decís.
Ofrecerte la mano cuando te tenes que incorporar de la camilla es un simple gesto de amabilidad que no había tenido la suerte de ver. (No se si es su humanidad o los años de enfermero…es lo mismo en todo caso)
El embarazo se desarrolló sin problemas por suerte.
Mi fecha de parto era cerca de nochebuena, cuando le dije “espero no tener que llamarte hoy” me respondió “hacemos pesebre viviente!”. Tener un obstetra que te celebre parir en navidad es algo especial.
Finalmente en la semana 41 se desencadenó espontáneamente, Anahi siempre atenta, nos encontramos con ella en el Finochietto, un placer hacer el ingreso con ella sin la burocracia, muchedumbre y espera habitual de las guardias. Hubo desprendimiento de membranas, antibiótico pasado por vía por estreptococo positivo, se aceleraron las contracciones y empezó a ser muy fuerte el dolor, al rato rompí bolsa, todo esto con mi pareja en una sala de preparto muy agradable y amplia, con libertad total de movimiento.
En un momento el dolor era insoportable…se desmoronaba el mito de que “el segundo es más fácil”…sentí que no lo toleraba y no quise sufrir y pedí anestesia.  Ahí pasamos a sala de parto y dada la peridural llego Emiliano, en poco tiempo tenia dilatación total y con mucha alegría, amor y sin dolor nació Malva el día de mi cumpleaños con 3,180kg. Emiliano me ofreció recibirla yo misma una vez que había sacado los hombros. Fue glorioso, estuve 100% presente en cuerpo y alma, sentía mucha felicidad y tuve la sensación de que todos alrededor disfrutaban mucho el momento también. Sin episiotomia, solo un pequeño desgarro.
El broche de oro fue que al salir de la sala de partos, Emiliano me ayudó a prenderla a la teta, con la cancha de una puericultora.
La anestesia hizo de la experiencia algo más humano y menos salvaje, disfrutable!
En fin, valoro mucho y espero que más mujeres puedan aprovechar la sensibilidad, la vocación y la amplia preparación de este equipo de trabajo que evidentemente ama lo que hace.

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